Líderes Fieles
A. SEÑALES DE LOS VERDADEROS APÓSTOLES
1. No Buscan Su Propio Beneficio Personal
LA PRIMERA señal de un verdadero apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro, es la siguiente: no usará los dones del Espíritu, ni su ministerio adjudicado por Dios sólo para beneficiarse a sí mismo, ni para ocuparse tan solo de su salvación. Usará los dones únicamente cuando el Espíritu Santo los guíe y dirija. Cuando Jesús estaba en la cruz, uno de los escarnios que le fueron dichos fue éste: "A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar" (Mt 27:42).
Y eso fue muy cierto. Jesús nunca usó
Su ministerio para servirse a Sí Mismo, ni para su propio bienestar. Él no pudo
salvarse a Sí Mismo de la cruz.
2. Padecerán Sufrimientos
EN SEGUNDO LUGAR, un apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro genuino, estará dispuesto a padecer sufrimientos y dificultades a fin de cumplir el ministerio que Cristo le ha dado. Esa era la actitud que el Apóstol Pablo tenía."Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte" (2 Co 12:10).Cada ministerio que honre a Cristo, tendrá esa misma actitud "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Fil 2:5).
B. EJEMPLOS DE LÍDERES FIELES
1. Elías, Un Profeta Fiel.
"Entonces Elías tisbita... dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia... sino por mi palabra" (I R 17:1).
A medida que ese juicio declarado
proféticamente continuó viéndose durante los siguientes varios años, la tierra
de Israel confrontaba una terrible sequía y hambre.
A Elías todo le fue bien por un tiempo.
Dios le había dirigido hasta un lugar donde había un arroyuelo del cual podía
tomar agua. También le envió cuervos que alimentaran a Elías con pan y carne
por la mañana y por la tarde. Este era un panorama justamente pacífico. En
comparación con los problemas que estaban experimentando los demás durante ese
tiempo de sequía y hambre, Elías lo estaba pasando bastante bien.
Sin embargo, llegó el momento en que el
arroyuelo se secó, y Elías vino a ser víctima de su propia profecía. El comer
pan seco sin agua, no es una merienda muy agradable. Es posible que se viera
tentado a ordenar que lloviera.
Si él hubiera obrado conforme a su
deseo, ciertamente lo habría hecho fuera de la voluntad de Dios. Él todavía no
le había dicho a Elías que ordenara que lloviera. Si él hubiera hablado, cuando
debería haber estado en silencio, una de dos cosas podía haber sucedido:
• Tal vez Dios no habría honrado su
palabra, pues lo hubiera hecho como dijo Santiago 4:3: "Pedís, y no
recibís, porque pedís mal"; en otras palabras, sin contar con la voluntad
divina. Si él hubiera obrado de esa manera, se habría convertido en un profeta
indigno y egoísta.
• Quizás Dios podía haber honrado su palabra, pero ahí habría concluido toda la historia. Elías tal vez se hubiera perdido el milagro del "fuego que descendió del cielo", y en su lugar, hubiera experimentado "flaqueza de alma" (1 R 18:30, 39; Sal 106:13-15).
• Quizás Dios podía haber honrado su palabra, pero ahí habría concluido toda la historia. Elías tal vez se hubiera perdido el milagro del "fuego que descendió del cielo", y en su lugar, hubiera experimentado "flaqueza de alma" (1 R 18:30, 39; Sal 106:13-15).
Así como el Señor Jesús durante Su
tentación en el desierto (Mt 4:1-4), Elías rehusó usar su don para satisfacer
su propia sed y hambre. Él esperó en Dios para que le dijera cuándo utilizar su
don profético. Únicamente entonces, podría articular la palabra del Señor que
concluiría la sequía
Pero Dios es fiel. Él registro
simplemente dice: "Vino luego la palabra de Jehová diciendo: Levántate,
vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer
viuda que te sustente" (1 R 17:8, 9).
Debido a que ambos, Elías y la viuda
obedecieron la palabra de Dios, fueron remunerados por la bendición y provisión
sabia y amorosa del Todopoderoso.
Sus necesidades fueron la oportunidad
que tuvo Dios de ejecutar el milagro que salvó sus vidas. Si hubieran sido
incrédulos, o hablado cuando deberían haber permanecido en silencio, no habrían
visto la ejecución de tal milagro.
Elías nos mostró un buen ejemplo. Él no
utilizó el poder de su don para resolver sus propios problemas o para
satisfacer sus propias necesidades. Lo mantuvo bajo la disciplina y control de
la voluntad de Dios.
2. Tres Líderes Fieles De La iglesia
"Ruego a los ancianos... apacentad la grey de Dios que está entre vosotros... no por ganancia deshonesta... y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria..." (1 P 5:1-4).
a. Pablo. El Apóstol Pablo, fue
un líder con un corazón genuino de pastor. Él pudo haber recibido sostén
financiero legítimamente de las iglesias, pero prefirió trabajar con sus manos,
a fin de dar un buen ejemplo (1 Co 9:17, 18; 1 Ti 5:17, 18). Leamos en 1
Corintios 4:11, 12 a este respecto: "Hasta esta hora padecemos hambre,
tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada
fija".
Él no era un jornalero o asalariado.
"Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado... vosotros sabéis que
para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me
han servido" (Hch 20:33-35).
b. Pedro. Cuando a Pedro le
ofrecieron dinero por el don de Dios, él respondió: "tu dinero perezca
contigo, porque has pensado se obtiene con dinero" (Hch 8:20). ¿Está usted
entregado a la consigna de ser un líder como Pedro? Le conviene serlo.
Todo líder genuino del pueblo de Dios,
debe cuidarse constantemente del espíritu de ser un asalariado, aborreciendo
siempre "el amor al dinero".
c. Timoteo. Pablo dijo:
"Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo... pues a ninguno
tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque
todos [el resto] buscan lo suyo propio..." (Fil 2:19-21).
Esas deben ser las palabras más tristes
en el Nuevo Testamento, "Porque todos buscan lo suyo propio..." Pablo
sólo pudo hallar un líder cuyos motivos eran limpios y sinceros, a fin de que
fuera a ayudar a la Iglesia de Filipos.
C. RECOMPENSA O JUICIO
El Señor nos dijo: "...No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?... vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mt 6:31-33).
1. Remunerados Por Un Servicio
Fiel
Dios bendecirá a los que pongan sus vidas por Jesús y al servicio de los demás. Él suplirá ricamente sus necesidades y protegerá a sus siervos.
Pero Dios no nos ha llamado para ir
donde haya más oro (abundancia). Él nos ha llamado para ir donde quiera que el
Espíritu Santo nos dirija.
Puede que nos envíe a las personas mas
duras de cerviz, como sucedió con Jeremías (Jer 6:19); o a un pueblo que sea
sensible a la palabra de Dios, como sucedió con los habitantes de Nínive (Jon
3:5-10). Lo que realmente importa, es que hagamos la santa voluntad de Dios,
con un corazón gozoso y contento. Esa deberá ser la dedicación suprema de
nuestras vidas.
2. Juzgados Por La Infidelidad
"No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Muchos me dirán en aquel día: Señor,
Señor, ¿No profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y
en tu nombre hicimos muchos milagros?
Y entonces les declararé: Nunca os
conocí; apartaos de mí hacedores de maldad" (Mt 7:21-23).
Su remuneración en el Cielo será basada
sobre lo que usted haya hecho para Cristo sobre la tierra, y sobre CÓMO (con
qué motivo) lo hizo. El utilizar el poder de Cristo para sanar, echar fuera
demonios y profetizar, mientras se está viviendo en las contaminaciones de la
carne, en la codicia del dinero, amando las adulaciones de los hombres por amor
a la popularidad, de seguro acarreará el juicio divino.
¿Cuál es ese juicio?
El juicio pronunciado sobre este grupo
de ministros cristianos de parte de Dios fue: "APARTAOS DE MÍ".
¡El asunto es cercanía! ¿Cuán cerca de Cristo
se le permitirá estar a usted en el cielo? Depende de cuán cerca de Él viva y
camine diariamente sobre la tierra; por el contrario, en el cielo no estará
cerca de Él.
a. Apartaos De Mí. Durante un
tiempo de apostasía (que se habían descarriado) en Israel, la mayoría de los
sacerdotes se hicieron idólatras y sacrificaron a los ídolos. Los HIJOS DE
SADOC permanecieron fieles y cerca del Señor.
Cuando el tiempo de rendir cuentas
vino, el juicio sobre los sacerdotes apóstatas fue el siguiente:
"Y los levitas que se
apartaron lejos de mí cuando Israel erró, el cual se desvió
de mí en pos de sus ídolos, llevarán su iniquidad... no serán
allegados a mí..."
Pero aquéllos que fueron fieles y se
mantuvieron en la verdad, tendrán esta recompensa:
"Mas los sacerdotes... hijos de
Sadoc, que guardaron el ordenamiento del santuario cuando los hijos de Israel
se apartaron de mí, ellos se acercarán para ministrar ante
mí, y delante de mí estarán para ofrecerme la grosura y la
sangre dice Jehová el Señor" (Ez 44:10-15).
El juicio para la desobediencia y la
apatía, fue la negación de allegarse a Su presencia. Esto es un privilegio que
yo no deseo perder.
La remuneración por la obediencia y
fidelidad no fue el cielo en este caso. Fue el privilegio de estar cerca de Su
presencia. "Ellos se acercarán para ministrar ante mí... dice Jehová el
Señor". Eso es algo que debemos desear más que cualquier otra cosa en esta
vida y en la eternidad, estar muy cerca de Jesús.
¿Cuán cerca estará usted de Jesús en el
cielo? Tan cerca como lo esté de Él aquí en la tierra. Si camina en los
placeres pecaminosos de la carne, codiciando el dinero, deseando las
adulaciones de los hombres más que de Dios (Jn 12:43), Jesús le dirá: "APÁRTATE
DE MÍ" usted sufrirá la pérdida de todas las recompensas, y el
fuego quemará todas sus obras (lea 1 Corintios 3:10-15; 1 Juan 2:28).
Si usted camina en fidelidad a su
llamamiento y ministerio, si mantiene motivos íntegros y justos, Jesús le
recompensará dándole un lugar junto a Su trono (Ap 3:21). De seguro que
disfrutará de la cercanía de Su presencia por toda la eternidad.
D. EL JUICIO DEL CREYENTE
"Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación" (Stg 3:1).
"Porque es necesario que todos
nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba
según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea
malo" (2 Co 5:10).
La Biblia enseña que los líderes y
creyentes algún día tendrán que dar cuenta ante "el tribunal de
Cristo" por todas las obras hechas mientras vivieron en el cuerpo, buenas
o malas. Concernientes al juicio del creyente, los siguientes hechos deben ser
considerados:
1. Todos Los Cristianos
Todos los cristianos estarán sujetos a juicio, no habrá excepción a la regla (Ro 14:12; 1 Co 3:12-15; 2 Co 5:10).
2. Cuando Cristo Regrese
Este juicio tomará lugar cuando Cristo regrese por Su Iglesia (lea Juan 14:3; y 1 Ts 4:14-17).
3. El Juez Será Cristo (Jn 5:22; 2 Ti 4:8).
4. Solemne Y Serio
La Biblia habla del juicio del creyente como algo solemne y serio, especialmente debido a que incluye la posibilidad de perjuicio o "pérdida" (1 Co 3:15; 2 Jn 8), "De que en Su venida no seamos confundidos de Él" (1 Jn 2:28), y en primera de Corintios 3:13-15 leamos respecto a "si la obra de alguno se quemare", sufrirá pérdida total. No obstante, el juicio del creyente no envolverá una declaración de condenación de parte de Dios.
5. Todo Será Manifestado Públicamente
Todas las cosas serán manifestadas o traídas a la luz. El término "comparecer" (del griego phaneroo, 2 Co 5:10) significa "manifestar pública o abiertamente".
Por consiguiente, Dios examinará y
revelará públicamente, con toda verdad:
a. Nuestros Actos Secretos (Mr 4:22; Ro
2:16).
b. Nuestro Carácter (Ro 2:5-11)
c. Nuestras Palabras (Mt 12:36, 37)
d. Nuestras Buenas Obras (Ef 6:8)
e. Nuestras Actitudes (Mt 5:22)
f. Nuestros Motivos (1 Co 4:5)
g. Nuestra Falta De Amor (Col 3:18; 4:1), y
h. Nuestra Obra Y Ministerio (1 Co 3:13)
6. Rendir cuentas
En otras palabras, todo creyente tendrá que rendir cuentas del grado de su fidelidad o infidelidad a Dios (Mt 25:21, 23; 1 Co 4:2, 5), y de sus acciones a la luz de la gracia, oportunidad y entendimiento a su disposición (Lc 12:48; Jn 5:24).
7. Las Obras Del Creyente
Cuando el creyente se arrepiente de sus malas obras, le son perdonadas y no será condenado al castigo eterno (Ro 8:1); sin embargo, tendrá que dar cuentas de ellas para el tiempo en que sea juzgado para recibir recompensas: "Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere" (Col 3:25; Ec 12:14; 1 Co 3:15; 2 Co 5:10). Las buenas obras y la caridad del creyente, son recordadas y recompensadas por Dios (He 6:10): "Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor" (Ef 6:8).
8. Ganancias O Pérdidas
Los resultados específicos del juicio del creyente, serán variados. Puede que reciba ganancias o pérdidas de:
a. Gozo (1 Jn 2:28)
b. Aprobación Divina (Mt 25:21)
c. Tareas Y Autoridad (Mt 25:14-30)
d. Posición (Mt 5:19; 19:30)
e. Recompensas (1 Co 3:12-14; Fil
3:14; 2 Ti 4:8), y
f. Honra (Ro 2:10; lea 1
P 1:7).
9. El Temor A Dios
La anticipación del juicio que viene sobre el cristiano, deberá perfeccionar su temor a Dios (2 Co 5:11; Fil 2:12;1 P 1:17) y hacerle pensar sobriamente, vigilar y orar más (1 P 4:5, 7), vivir en santidad de vida (2 P 3:11), y mostrar compasión y misericordia a todos los hombres (Mt 5:7; lea 2 Ti 1:16-18).
Llamado,
Escogido Y Fiel
Introducción. Una
cosa es ser aceptado por Dios y otra ser APROBADO por Él.El Libro de
Apocalipsis habla del triunfo del Cordero de Dios. Pero se nos dice que el
Cordero tiene un ejército de discípulos a través de quienes Él pelea Sus
batallas y obtiene la victoria. Estos discípulos son (1) llamados, (2)
escogidos y (3) fieles. "Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los
vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él
son llamados y elegidos y fieles"
(Ap 17:14).Muchos son llamados, pocos son escogidos y todavía menos son fieles.
Los fieles son los que vencerán; de ellos se habla en el Libro de Apocalipsis
diez veces. Tales discípulos de Cristo no sólo han sido aceptados por Dios,
sino también probados por Él a través de muchas circunstancias, a fin de ser
aprobados para Su obra. Fueron muchos los que creyeron en Jesús cuando estuvo
sobre la tierra, pero Él no se comprometió con todos ellos. El primer grupo,
estuvo compuesto por las multitudes. "Y le siguieron grandes
multitudes..." (Mt 19:2). De ese grupo se dijo más tarde: "Desde
entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él"
(Jn 6:66). El segundo grupo, era más pequeño. Había setenta en ese grupo con un ministerio
especial para las setenta naciones gentiles (lea Génesis 10). "Después de
estas cosas, designó el Señor también a otros setenta" (Lc 10:1).
El tercer grupo, consistía de doce hombres. "En aquellos días él fue
al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus
discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó
apóstoles..." (Lc 6:12, 13).
Fuera de tal grupo escogió el cuarto grupo, el cual, consistía de
solamente tres. "Seis
días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó
aparte a un monte alto;
Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como
el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (Mt 17:1, 2).
Ese grupo de tres serían testigos oculares de su majestad
(traducción parafraseada) (2 P 1:16). Estos discípulos representarían aquellos
que proseguirían hacia "...la meta, al premio del supremo llamamiento de
Dios en Cristo Jesús" (Fil 3:14).
Estos tres son como los vencedores, los que serán recompensados con el certificado de aprobaciónde
Dios.
A. CÓMO GANAR LA APROBACIÓN DE DIOS
No todos los que siguen a Jesús califican para ser incluidos en ese círculo íntimo: "Estando en Jerusalén...muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos" (Jn 2:23, 24).
1. Procure El Bien De Otros
Jesús sabía que la gran mayoría de aquellos que creían en Él, lo hacían únicamente por razones egoístas. Venían a Él sólo para recibir bendiciones personales. Sus pecados habían sido perdonados, pero no deseaban ser vencedores.
Uno deberá anhelar ser libre del deseo egoísta de buscar el
bienestar propio a expensas de los demás.
2. Pase Las Pruebas De Dios
Cuando Gedeón congregó un ejército para pelear contra los enemigos de Israel, tenía 32,000 hombres con él. No obstante, Dios sabía que no todos ellos eran genuinos de corazón. Así que, Él decidió recortar tal número. Los temerosos fueron enviados a sus casas.
Habían quedado solamente 10,000 después del recorte. Entonces,
Dios le dijo a Gedeón que los llevara al río y los probara. Solo 300 hombres
pasaron la prueba y fueron aprobados por Dios (Jue 7:1-8).
La manera en que aquellos diez mil soldados tomaron del agua del
río para satisfacer su sed, fue el medio que Dios utilizó para determinar quien
calificaría para ser parte del ejército de Gedeón. Ellos no sabían que estaban
siendo probados.
Nueve mil setecientos (9,700) de ellos se olvidaron del enemigo
mientras se arrodillaban para satisfacer su sed. Solamente 300 de ellos
permanecieron alertas sobre sus pies, tomando el agua en forma de copa.
Dios nos prueba en las cosas ordinarias, en nuestra actitud hacia
el dinero, los placeres, honores o glorias terrenales y comodidades. Así como
sucedió con el ejército de Gedeón, Dios arregla las circunstancias de cierta
manera para probarnos y ver cómo reaccionamos, pero no comprendemos Su
propósito.
3. No Sea Distraído Por El Mundo
Jesús nos amonestó a no dejar que los cuidados de este mundo nos distrajeran. Él dijo: "Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día" (Lc 21:34).
Pablo exhorta a los cristianos de Corinto diciendo: "Pero
esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen
esposa sean como si no la tuviesen; Y los que lloran, como si no llorasen; y
los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no
poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque
la apariencia de este mundo se pasa...
Esto os digo para vuestro provecho; no para tenderos lazo, sino
para lo honesto y decente, y para que sin impedimento os acerquéis al
Señor" (1 Co 7:29-35).
No podemos permitir que nada de este mundo nos distraiga de
nuestra total devoción al Señor. Las cosas legítimas del mundo son un lazo más
grande que las cosas pecaminosas, debido a que las cosas legítimas se ven
bastante inocentes e inofensivas.
Podemos aliviar nuestra sed, pero debemos formar una copa con
nuestras manos y tomar del agua necesaria que calme nuestra sed, sin dejar de
estar alertas ante cualquier ataque sorpresivo del enemigo. Nuestra mente debe
estar ocupada en la batalla que el Señor nos ha comisionado a pelear, y no en
la satisfacción de nuestra sed, hambre y deseos.
Tenemos que olvidarlo todo y estar dispuestos a soportar
dificultades, si es que queremos ser discípulos de Jesús (2 Ti 2:3).
4. Ponga La mente En Las Cosas De Arriba
Así como las banditas de goma que se pueden estirar, nuestras mentes pueden participar de las cosas necesarias del mundo. Pero una vez que tales cosas han servido para satisfacer nuestras necesidades básicas de la vida, de la misma manera en que la bandita de goma vuelve a su posición normal cuando su tensión es suelta, nuestras mentes también deben regresar de vuelta a las cosas del Señor y de la eternidad.
Esto es lo que Pablo da a entender cuando dice: "Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col 3:2).
No obstante, la bandita de goma obra de la manera opuesta en las
vidas de muchos creyentes. Sus mentes se estiran para considerar las cosas
eternas, pero cuando sueltan la tensión y vuelven a la normalidad, se ocupan
nuevamente en las cosas que son de este mundo.
5. Tenemos Que Ser Diligentes
Pablo exhortó a Timoteo de la siguiente manera: "Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado" (2 Ti 2:4). Pablo no le estaba diciendo a Timoteo el cómo debería ser salvo, sino cómo debería agradar al Señor como un soldado efectivo en Su ejército.
Pablo volvió a decirle en 2 Timoteo 2:15: "Procura con
diligencia presentarte a Dios aprobado..."
Timoteo ya había sido aceptado por Dios. Ahora necesitaba ser
diligente o cuidadoso en ganar Su aprobación.
Él dice: "Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús
nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio" (I Ti
1:12).
Pablo estaba entre los llamados, escogidos Y FIELES, y anhelaba
que Timoteo también estuviera entre ese número. Dios nunca se compromete a Sí
Mismo con nadie antes de probarlo.
El relato que se nos da en las Escrituras con relación a la prueba
de ciertos hombres, algunos de los cuales fueron aprobados y otros rechazados,
puede ser de gran valor para nosotros, pues fue escrito para nuestra propia
instrucción.
B. DEL AGRADO O NO DEL AGRADO DE DIOS
En el Nuevo Testamento leemos de Uno de Quien el Padre se complació, y también de un grupo de personas de quienes Él no se agradó. Un estudio de este contraste es muy interesante.
1. Dios No Se Agradó
De los 600,000 soldados israelitas (Nm 1:46) quienes perecieron en el desierto por su incredulidad.. En 1 Corintios 10:5 podemos leer que: "...de los más de ellos no se agradó Dios".
Aquellos israelitas habían sido redimidos de la esclavitud egipcia
por la sangre del cordero (simbólico de nuestra redención a través del
sacrificio de Cristo en la cruz); habían sido bautizados en el Mar Rojo y en la
nube (símbolo del bautismo en agua y Bautismo con el Espíritu Santo) (1 Co
10:2). A pesar de todo, Dios no se agradó de ellos.
a. A Pesar De Todo, Él Cuidó De Ellos. Dios continuó siendo
compasivo con ellos a pesar de sus quejas, y les proveyó todas sus necesidades
físicas y materiales de manera sobrenatural. "Tu vestido nunca se
envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años",
les dijo Moisés al concluir sus cuarenta años de peregrinación (Dt 8:4).
Dios sanó todas sus enfermedades también. La Biblia dice:
"...no hubo en sus tribus enfermos" (Sal 105:37).
Dios hizo múltiples milagros a favor de Su pueblo. De hecho,
ningún grupo de personas en la historia del mundo jamás ha visto tantos
milagros como los que vieron aquellos israelitas incrédulos, "...con
quienes estuvo él disgustado cuarenta años" (He 3:17).
Esto nos enseña que Dios contesta las oraciones de los creyentes
carnales también, y que Él les suple sus necesidades terrenales, aun de manera
sobrenatural si es necesario.
El hecho de que Dios efectúe milagros ante nuestros ojos, no
prueba nada concerniente a nuestra espiritualidad. Sólo demuestra que Dios es
bueno, quien hace que Su sol salga sobre justos e injustos de la misma manera.
b. Los Milagros No Son Una Garantía. Jesús también nos amonestó que en el día del
Juicio Final, muchos de los que hayan efectuado milagros en Su Nombre, serán
rechazados y descalificados porque vivieron en pecado.
Él dijo: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no
profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu
nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí;
apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mt 7:22, 23).
Obviamente, Él se estaba refiriendo a predicadores y sanadores
cristianos, quienes realizaron milagros genuinos en Su Nombre. De las palabras
de Jesús viene a ser evidente que MUCHOS de esos hombres (no unos cuantos, ni
tampoco todos, sino muchos) que ejercen esos ministerios de milagros, practican
el pecado en sus vidas privadas, en sus pensamientos y actitudes. Estos pecados
ocultos serán sacados a la luz en el Tribunal de Cristo, si tal vez no antes.
La operación de milagros, de por sí, no es una indicación de que
el hombre sea aprobado de Dios. ¿Hemos entendido esto cabalmente? Si no,
seremos engañados.
2. Dios Se Agradó
En contraste con los israelitas del Antiguo Testamento, de quienes Dios no se agradó, leemos de Jesús en el Nuevo Testamento, que el Padre se agradó de Él a lo sumo.
Cuando Jesús cumplió la edad de los treinta años, el Padre habló
desde el cielo públicamente lo siguiente respecto a Él: "Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia (Mt 3:17). Esto fue dicho antes de que Jesús
hubiera hecho un solo milagro o predicado algún sermón.
¿Cuál fue entonces el secreto de Su aprobación por Dios? No fue
obviamente por Su ministerio, pues todavía no había comenzado Su ministerio
público. Fue por el tipo de vida que había vivido durante treinta años.
a. Fiel Durante Las Tentaciones. El éxito de nuestro ministerio no es lo que
hace que seamos aprobados por Dios, sino la fidelidad que mostramos en las
tentaciones que afrontamos en nuestra vida diaria.
Las únicas dos cosas que se nos han dicho respecto a los treinta
años de "silencio" en la vida de Jesús (aparte del incidente del
templo) son que "fue tentado en todo, según nuestra semejanza, pero sin
pecado" (He 4:15) y que "ni aun Cristo se agradó a sí mismo" (Ro
15:3).
Él había resistido fielmente la tentación en cada punto, y nunca
procuró satisfacer sus propios deseos o anhelos, ni lo procuraría hacer en
cualquier asunto. Eso fue lo que complació al Padre.
b. Un Carácter Santo. Nuestros logros materiales
o externos pueden impresionar a la gente del mundo y a los creyentes carnales.
Pero Dios se impresiona más cuando mostramos un carácter santo. Es nuestro
carácter de por sí, lo que puede traer sobre nosotros la aprobación de Dios.
Así que, si deseamos saber cuál es la opinión de Dios sobre
nosotros, debemos borrar deliberadamente de nuestras mentes lo que hemos
logrado en nuestro ministerio. Debemos evaluarnos a nosotros mismos puramente
por nuestras actitudes hacia el pecado, en nuestra manera de pensar y el
egocentrismo de nuestras acciones. Esa es la única medida infalible de nuestra
condición espiritual.
De esa manera, tanto el sanador y predicador que va viajando por
el mundo como la madre ocupada que nunca puede salir de los confines del hogar,
tienen exactamente las mismas oportunidades de adquirir la aprobación de Dios.
Vamos a descubrir en el Día del Tribunal de Cristo, que muchos de
los que fueron primero aquí en el mundo cristiano, serán los postreros allá.
Muchos de los que eran considerados los postreros aquí en la tierra (debido a
que no tenían un ministerio muy reconocido), serán los primeros allá.
C. JESÚS ES NUESTRO EJEMPLO
Jesús es nuestro ejemplo en todas las cosas. El Padre había planificado que Jesús pasara los primeros treinta años de Su vida terrenal en dos lugares básicamente, en Su hogar y en Su lugar de trabajo (el taller de carpintería). Fue la fidelidad de Jesús en esos dos lugares lo que le hizo ganar la aprobación del Padre.
Esta es una cuestión de gran ánimo para nosotros, pues nos
encontramos en esos dos mismos lugares constantemente, en nuestro hogar y en
nuestro lugar de trabajo. Es en esos dos lugares donde Dios más nos prueba.
1. La Fidelidad En Nuestro Hogar
El hogar de Jesús era uno pobre. José y María eran tan pobres que ni siquiera tenían para comprar un cordero para ofrecerlo como sacrificio. No tenían "predicadores sobre la prosperidad" que les enseñaran cómo ser ricos.
La Ley había ordenado que "...si no tenían suficiente para un
cordero, que tomaran entonces dos tórtolas o dos palominos..." (Lv 12:8).
Y José y María "ofrecieron conforme a lo que se dice en la ley del Señor:
Un par de tórtolas, o dos palominos" (Lc 2:24).
De Jesús se dijo: "Porque ya conocéis la gracia de nuestro
Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre..." (2 Co 8:9).
Jesús tenía cuatro hermanos y dos hermanas más jóvenes que Él,
quienes vivían en el mismo hogar. Marcos 6:3 nos dice que los habitantes de su
comunidad manifestaron acerca de Él:
"¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo,
de José y Judas, y de Simeón? ¿No están también aquí con nosotros sus
hermanas?"
Uno puede imaginarse las presiones y luchas que Jesús afrontó
mientras crecía en aquel hogar de pobreza.
Para mayor infortunio, sus hermanos menores eran incrédulos.
Leamos la siguiente escritura: "Porque ni aun sus hermanos creían en
él" (Jn 7:5).
Quizás ellos le escarnecieron en muchas maneras. Él no tuvo un
cuarto privado en Su hogar, donde pudiera retirarse a orar cuando afrontara las
presiones de las tentaciones de los demás familiares.
Es posible que en Su hogar hubiera peleas, riñas, regaños y el
egoísmo común de todos los hogares.
Y entre tales circunstancias, Jesús fue tentado en todos los
aspectos de la vida así como nosotros; pero Él nunca pecó ni una sola vez, ni
en hechos, palabras, pensamientos, actitudes o motivos.
Si Jesús hubiera venido en alguna forma diferente a la de
nosotros, en alguna clase de carne que fuera incapaz de ser tentada, entonces,
no habría existido virtud en Su manera de vivir pura en tales circunstancias.
No obstante, Él vino en carne como todos nosotros los humanos.
La Palabra de Dios dice: "Por lo cual DEBÍA SER EN TODO
SEMEJANTE a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote
en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo" (He
2:17).
Él padeció las presiones de toda suerte de tentación que jamás
podamos afrontar. Esto es lo que nos otorga gran ánimo en los tiempos en que
somos tentados, pues así como Él venció, nosotros también podemos vencer. Esta
es la esperanza que Satanás procura robarnos cuando trata de ocultar de
nosotros esa gloriosa verdad, que Cristo vino en carne y fue tentado
exactamente como nosotros.
2. La Fidelidad En Acción
Como un carpintero en Nazaret, Jesús debió haber afrontado muchas tentaciones, así como todos los que se envuelven en algún tipo de negocio las afrontan. No obstante, Él nunca engañó a nadie con quien tuviera tratos o negocios. Jamás demandó precios por sobre el valor honesto de las cosas que vendiera; tampoco se comprometería en algún asunto relativo a la justicia, sin importar el precio (o pérdida) que tuviera que pagar.
Él no estaba en competencia con los demás carpinteros de Nazaret.
Trabajaba para ganarse el sostén diario únicamente. Así que, a través de la
compra-venta y el manejo del dinero (como carpintero), Jesús afrontó todas las
tentaciones que nosotros confrontamos en el área del dinero. Y Él venció.
Jesús vivió bajo la sumisión de Sus padres adoptivos (los que
crían a un niño desde pequeño) por muchos años. Esto quizás les expuso a varias
formas de tentaciones internas (en la esfera de las actitudes); y con todo,
nunca pecó.
María estaba entre todos los que esperaban del revestimiento del
Bautismo santificador y saturador del Espíritu Santo en el Aposento alto (Hch
1:14).
Si no hubiera tenido aquel poder, lo más probable es que José y
María también riñeran entre uno y el otro, así como la mayoría de los
matrimonios lo hacen.
Jesús, por otro lado, estaba viviendo en perfecta victoria. Con
todo, Él nunca los despreció. Si lo hubiera hecho, habría pecado. Pero Él los
respetaba, aun cuando era más puro que ellos. Ahí podemos ver la hermosura de
Su humildad.
Así es que podemos ver que Jesús no estaba viviendo una vida
inactiva durante aquellos treinta años en Nazaret. Jesús estaba en medio de un
conflicto contra la tentación todo el tiempo, un conflicto que aumentaba en
intensidad a medida que pasaba cada año.
Antes de que pudiera llegar a ser nuestro Salvador y nuestro Sumo
Pontífice (Sacerdote), el Padre tenía que hacer pasar al Capitán de nuestra
salvación a través de una cordillera completa de posibles tentaciones humanas.
La Palabra de Dios dice: "Porque convenía a aquel por cuya
causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo
de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de
la salvación de ellos" (He 2:10).
Todavía había unas cuantas tentaciones (tales como las que vienen
a través de la fama nacional, etc.) que Jesús confrontaría en los últimos tres
años de Su vida terrenal. Sin embargo, las tentaciones comunes que todos
afrontamos en el hogar y en el lugar donde trabajamos, Él ya las había
confrontado y vencido en Sus primeros treinta años. Y el Padre le dio a Jesús
Su "certificado de aprobación" en Su bautismo.
D. PROCURE UN CARÁCTER TRANSFORMADO
Si solamente nuestros ojos estuvieran abiertos para ver las bases sobre las cuales Dios nos otorga Su aprobación, ello revolucionaría nuestras vidas totalmente. No volveríamos a codiciar un ministerio de tipo internacional o mundial. Por el contrario, anhelaríamos ser fieles en los momentos de tentaciones en la vida diaria.
Oraríamos por un bautismo en fuego que produjera un carácter o
personalidad transformada, al igual que por un poder que produzca milagros. De
esa manera, nuestras mentes serían renovadas a fin de colocar nuestras
prioridades en el orden correcto.
Tome ánimo en esto. Las remuneraciones mayores de Dios y Sus más
elevadas adjudicaciones están reservadas para los que afrontan las tentaciones
con la misma actitud en que Jesús las afrontó. La actitud de Jesús fue ésta: "Prefiero morir antes que
cometer algún pecado o desobedecer a mi Padre en un sólo punto".
Este es el significado de la exhortación en Filipenses 2:5-8, la
cual dice: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo
Jesús... haciéndose obediente hasta la muerte".
Sin importar nuestro don, ministerio, posición en la vida, sexo o
edad, todos nosotros tenemos la misma oportunidad de ser vencedores y de estar
entre los llamados, escogidos y fieles.
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