¿Aprender a desarrollar las Relaciones Humanas?
Como
cristianos somos llamados a la unidad, entre cristianos y a mantener un trato
de gente que se aman y se respetan mutuamente, relaciones humanas son el trato de unos con los otros.
“ BIFED “ Es el Instituto
Bíblico de Formación de La Escuela Dominical, Estamos creyendo que será una
herramienta sólida, en la formación del personal de la escuela Dominical de las
Iglesia Asambleas de Dios .
Relaciones humanas, Son las dedicadas a crear y mantener entre los individuos
relaciones cordiales, vínculos amistosos, basados en ciertas reglas aceptadas por
todos y, fundamentalmente, en el reconocimiento y respeto de la
personalidad humana. Relaciones
humanas son aquellas en que a pesar de las divergencias lógicas entre las
personas, hay un esfuerzo por lograr una atmósfera de comprensión y sincero
interés en el bien común.
En síntesis las relaciones
humanas son la forma como tratamos a los demás y cómo los demás
nos tratan a nosotros. Aquí podemos aplicar la regla
de oro de Mateo 7:12 Así
que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también
haced vosotros con ellos, pues esto es la Ley y los Profetas. Pero que dice la
Biblia al respecto:
Factores que
intervienen en las relaciones humanas
Respeto: Aún cuando no se comparta un punto de vista, conviene
considerar las creencias y sentimientos de los demás. Usted depende de los
demás por lo que es importante respetar y hacerse respetar.
Pablo dice en la carta a los Romanos 13:7 Pagad
a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al
que respeto, respeto; al que honra, honra .Aquí habla claramente del respeto.
El respeto es un sueldo que se puede cobrar, pero para cobrar un sueldo se
tiene que trabajar en algo. Si usted trabaja en base al respeto, ganara
confianza y respeto, puede pedir que le respeten si usted sabe respetar.
Comprensión: ¿Que
es la comprensión? Es aceptar a los demás como personas, con sus limitaciones,
necesidades individuales, derechos, características especiales y debilidades.
La comprensión y la buena voluntad son la clave de las relaciones humanas. El
Apóstol Pedro logro comprender, aceptar a sus hermanos que eran gentiles cuando
dijo en verdad veo que Dios no hace acepción de personas. Hechos 10:34 Entonces
Pedro, abriendo la boca, dijo
En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas.
A veces los prejuicios nos hacen pensar de una manera distinta, sobre cierto
tipo de personas, pero cuando vemos claramente que Dios no hace acepción de
personas y que Él si nos comprende. Tenemos que aprender de Él para seguir su
ejemplo.
Cooperación: Es la llave del bienestar general. Trabajando todos por
un mismo fin, se obtienen los mejores resultados y beneficios. La biblia la
declara como: ayudar, servir. Eclesiastés declara: Mejor son dos que uno, pues
reciben mejor paga por su trabajo. Porque si caen, el uno levantará a su
compañero; pero ¡ay del que está solo! Cuando caiga no habrá otro que lo
levante. Este versículo nos da un claro mensaje, de cooperación, hay mejor paga
cuando dos se ponen de acuerdo, cuando dos trabajan juntos y cooperan
mutuamente para rendir mejor en lo que se han proyectado alcanzar. (Eclesiastés
4:9-10) Comunicación: Es el proceso mediante el cual
transmitimos y recibimos datos, ideas, opiniones y actitudes para lograr
comprensión y acción. Desde un punto de vista bíblico podemos decir que la
comunicación entre el cristiano y Dios es la oración. Comunicar es hablar,
proverbios 10:19 nos dice: En las muchas palabras no falta pecado; Más el que
refrena sus labios es prudente.
En las muchas palabras no falta el pecado,
esta expresión nos da la idea de que; cuando comunicamos más de lo debido, se puede
mezclar en la comunicación, palabras fuera de sentido que harían de nuestra
comunicación un desastre, damos lugar al chisme, a la murmuración etc. Pero el
que refrena su lengua es prudente. La comunicación es más que hablar, es hablar
lo necesario con palabras sazonadas, Colosenses 4:6 Sea vuestra palabra siempre
con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.
Cortesía: Es el trato amable y cordial, facilita el entendimiento
con los demás, permite trabajar juntos en armonía y lograr resultados. La
cortesía cuesta poco y vale mucho. Vea esta parte de la definición, permite
trabajar juntos en armonía. El salmo 133:1 dice: Mirad cuán bueno y cuán
delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía.
En Tito 3:2 leemos Que no hablen mal de nadie
ni discutan. Que sean amables con todos y muestren humildad en su trato con los
demás. La palabra humildad también se lee mansedumbre o cortesía, respeto
amabilidad. Esto permite que se pueda trabajar en armonía. La cortesía es algo
fundamental en las Relaciones Humanas, porque hace que podamos trabajar en
armonía, en equipo.
Todo esto se resume
en: Una adecuada actitud hacia las relaciones humanas o sea
la disposición de ánimo que tenemos frente a las cosas, personas y situaciones
que nos rodean.
Recordemos que solo hay tres actitudes
fundamentales en comunicación como respuesta a los demás:
Aceptación: Significa
respeto y aceptación de la otra persona como ser humano distinto y único.
Rechazo: Al rechazar a otro ser humano puedo afectar su autoestima
y herirlo por lo que se pierde la relación positiva.
Descalificación: Es
la actitud más dañina, le estamos diciendo a la otra persona que no nos
importa, que no nos interesa ni sabemos que existe. La persona descalificada se
disminuye, se encierra en sí misma y sufre daños serios perdiéndose con ello la
comunicación. Una regla de oro en la dinámica de las relaciones humanas es la
empatía y la humildad o sea ponerse en el lugar del otro y ceder en aras de una
buena convivencia sin menoscabar la mutua dignidad como seres humanos. La regla
de oro bíblica seria: todas las cosas que queráis que los hombres hagan con
vosotros, así también haced vosotros con ellos (Mateo 7:12) Si aceptamos a
otros también nos aceptaran a nosotros. Si rechazamos a nuestro prójimo también
nos rechazaran por nuestras actitudes. Y si le damos el poco interés a la
persona también sucederá con nosotros. Recordemos la ley de la siembra y la
cosecha. Todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechara. Es claro al
decir TODO, no queda nada fuera de esta expresión.
Mandamientos de las
relaciones humanas
- Háblele a la persona amablemente, no hay
nada tan agradable como una frase alegre al saludar.
- Sonría a la gente, se necesita la acción de
25 músculos para fruncir el ceño y solo 15 para sonreír.
- Llame a las personas por su nombre, la
música más agradable para el oído de cualquiera, es el sonido de su nombre.
- Sea agradable, amigable, cortés, si desea
tener amigos.
- Sea cordial, hable y actúe como si todo lo
que hiciera fuera un placer.
- Interésese verdaderamente en las personas,
puede simpatizar con ellas y todo si se lo propone.
- Sea generoso para hacer resaltar las buenas
cualidades y cuidadoso al criticar.
- Tenga consideración hacia los sentimientos
de los demás, se lo agradecerán.
- Tenga consideración de los demás, en toda
controversia hay tres opiniones o puntos de vista: la del otro, el suyo y el
correcto.
- Esté dispuesto a prestar servicio, lo que
más cuenta en la vida, es lo que hacemos por los demás.
Por último algunas citas bíblicas que hablan
de las relaciones humanas.
1. Delegación de funciones, Éxodo 18:14-27
2. Cortesía con extranjeros, Éxodo 23:9
3. Relación con el prójimo, Levítico 6:2-7
4. Oportunidad de testificar, Deuteronomio 6:4-7
5. Actitud hacia el pobre, Deuteronomio 15:7-11
6. Protección para esclavos fugados, Deuteronomio 23:15-16
7. Saludo caluroso, 1 Samuel 25:6
8. Interpretación errónea de gesto amigable, 2 Samuel
10:1-4.
9. Sabiduría de Salomón, 1 Reyes 4:29-34
10.
Ejemplo de relaciones humanas, 2 Reyes 7:3-9
11.
Cuidar de los necesitados, Proverbios 3:27-28
12.
Juicio recto para todos, Proverbios 29:14
13.
Revelación en relaciones humanas, Proverbios
29:18
14.
Buenas relaciones humanas en el gobierno,
Isaías 16:5
15.
Buenas nuevas para abatidos, Isaías 61:1-3
16.
Librar al oprimido, Jeremías 21:12
17.
El mayor en el Reino, Lucas 9:46-48
18.
Gentileza con todos, Filipenses 4:4-5
19.
Portador de buenas nuevas, Colosenses 4:7
20.
Cada uno en sus propios asuntos, 1Timoteo
4:11
ESPIRITUALIDAD DE LAS RELACIONES
HUMANAS
¿Pueden existir relaciones humanas sin lo que consideramos
espiritualidad, vida espiritual? Yo creo que sí... Hay relaciones
humanas de compromiso, relaciones humanas familiares, amistosas,
de conveniencia... A no ser que vivamos como anacoretas o en una
isla desierta, no podemos prescindir de las relaciones humanas. Esto es, del trato con los que nos rodean. Incluso para el marketing
empresarial, para una buena imagen, hoy se tienen en cuenta las
relaciones,humanas.
Tal vez porque, sobre todo en las ciudades, la vida se ha vuelto tan
deshumanizada —desconocemos incluso a nuestros vecinos—, las
relaciones humanas se cotizan en nuestra sociedad. No es que las
relaciones de unas personas con otras suelan, por lo general, ser
modélicas, pero sí hay un interés social en que sean buenas.
Practicadas así, como una exigencia social, las relaciones humanas
pueden existir sin que mezclemos para nada la espiritualidad.
Los vendedores, los artistas, los que de algún modo tienen por su
oficio que tener trato con el público, esto es, con personas, cuidan de modo especial sus relaciones humanas. Sólo que a veces, si es por puro interés o como obligación, no parecen sinceras. Aquella sonrisa desaparece al menor tropiezo, o surge la crítica cuando se marcha el conocido con quien estabas hablando, o aquel vendedor cambia de cara cuando ve que no ha podido colocarte su producto...
Afortunadamente, ya sea por interés o por costumbre, tratamos de
ser amables con los demás. De otro modo, es posible que anduviéramos atropellándonos más aún de lo que nos atropellamos, o que fuéramos más indiferentes aún con quienes están a nuestro lado. Las buenas relaciones humanas son, en definitiva, guardar las formas: eso que siempre ha sido la buena educación. Pueden existir sin que nuestra vida espiritual se vea comprometida ni mezclada en ese ejercicio de amabilidad.
¿Qué aporta la espiritualidad?
Pero lo que me parece realmente imposible para los cristianos es
vivir la espiritualidad —es decir, cultivar el espíritu—y dar un sentido
más profundo a la convivencia, sin tener en cuenta el «amaos los
unos a los otros», sin cuidar del trato que tenemos con cuantos nos
rodean, con el otro. Un trato que tiene o tendría que basarse en el
amor; que puede tomar la forma, no sólo de acto positivo (prestar una ayuda), sino también de respeto (intentar comprender las acciones de los demás sin juzgar) o de dejar obrar en libertad cuando nos parece, por ejemplo, que aquello no debería hacerse y, sin embargo, no nos entrometemos para gobernar, ni siquiera con la mejor intención, las vidas ajenas. Relaciones que requieren también tiempo. Una de las cosas que más difícil nos resulta dar es nuestro tiempo: cuando teníamos pensado hacer tal cosa, y un amigo nos llama, nos dejan el nieto en casa o cae enferma la suegra. . . El amor que requieren las relaciones humanas, cuando éstas tienen un fundamento espiritual, lo abarca todo, deja pocos resquicios por donde escaparse. El amor al prójimo es exigente. «Estos mandamientos se resumen en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo» es la suprema norma. Y con esta norma por delante, con este mandato como guía, las relaciones humanas adquieren para un creyente todo su sentido. Son, o deberían ser, algo muy distinto de unas relaciones humanas meramente sociales. (Que también tienen sus exigencias, no
vayamos a creer...) Obras, no palabrasA-H/A-DEO: Pongamos, por ejemplo, la vida de un santo como San Juan de la Cruz, el gran místico, el gran poeta. La experiencia que tuvo del amor divino no le hizo olvidar jamás el cuidado de sus hermanos. Todo lo contrario. Y le veremos atento, no sólo a las necesidades espirituales, sino también materiales de sus frailes: le gusta que se celebren fiestas o que, si se da el caso, hagan un día una comida extra; cuidó de los enfermos del hospital cuando era un
muchacho, y seguirá cuidándolos ya en su madurez... No se queja en su enfermedad por sus dolores ni por el trato que recibe de un
hermano. Y podríamos ir analizando más episodios de su vida... Me
parece a veces que quizá hemos puesto demasiada atención en su
doctrina y sus escritos—verdaderamente notables, tanto espiritual
como literariamente—, y hemos olvidado sus hechos: esos aspectos
sencillos y profundamente humanos de su vida. Por la sola doctrina,
no sería santo; por sus escritos, tampoco. Es santo por su vida de
oración, de entrega y de servicio... Tal vez sería conveniente para
todos acercarnos más a los místicos y ver cómo su amor a Dios se
manifiesta en su amor a los hombres. Que no va una cosa por un
camino. y otra por otro.
Pensemos en Francisco de Asís y en su amor a la naturaleza, en su
amor a los amigos que con él emprenden la aventura de una vida de
pobreza. Francisco cuida también a los leprosos. Francisco baila y
canta ante el belén. ¿No dicen que fue él quien que construyó el
primer belén de todos los tiempos? O fijémonos en Teresa de Jesús, atenta a sus hermanas, buscándoles cobijo, llamándolas al buen humor, a la alegría y a la fraternidad. . . O en Santa Teresa de Lisieux, a quien algunos llaman «la pequeña», con lo que nos la hacen aún más próxima. Hay detalles en ella que pasan a veces inadvertidos incluso a sus hermanas, como su empeño en acompañar a una monja que siempre refunfuñaba y le
reprochaba cualquier detalle, y a la que «nadie podía soportar»; o su costumbre, durante la oración, de ofrecer pacientemente a Dios ese ruidito insidioso y obsesivo de una monja que picaba los dientes con las uñas—¿a quién no le pone nervioso un ruidito persistente cuando queremos concentrarnos?—; o su decisión de callar sin queja alguna ante las salpicaduras del agua que le venían al rostro procedentes de la hermana que lavaba a su lado... Cito de memoria pequeños rasgos que me vienen a la mente; rasgos humanos, enternecedores, cotidianos, de algunos de nuestros más grandes santos. Dicen que, cuando murió Teresa de Lisieux, una de las monjas del convento comentó que no sabrían qué decir de su vida, tan sencilla y aparentemente tan ordinaria como había sido.
No había aquí ninguna gana de aparentar buena imagen, ni de
vendernos un producto, ni siquiera de manifestar esa exquisita
educación que hace agradable la vida. Había mucho más... Todos
ellos fundamentaban ese trato con sus semejantes en su amor a Dios. «Hijos —dice el evangelista Juan en su Primera Carta—, no os améis con frases y palabras, sino con hechos y de verdad». Bien claro les decía, y nos dice a nosotros, que ese amor a Dios sólo se demuestra, sólo se vive, sólo se hace presente, en el amor a los hermanos. «A Dios nadie lo ha visto nunca; pero, si nos amamos, él está en nosotros, y su amor ha llegado a la plenitud». Y más adelante: «Si alguien afirma yo amo a Dios, pero no ama a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve». A propósito, me parece que era Bruce Marshall, el autor católico que se puso tan de moda en los años sesenta, el que bromeaba con ironía diciendo que precisamente lo difícil era... ¡amar a los que vemos!
Pero éste es el mandamiento que hemos recibido de Jesús: quien
ama a Dios, ha de amar al hermano. Puede ser un amor tan grande
que lleve al martirio, como está ocurriendo estos días con tantos y
tantos misioneros de Ruanda y de Argel, o como ocurrió con
monseñor Romero o con Ellacuría y sus compañeros en El Salvador.
Y como ocurre con tantos otros de los que ni sabemos el nombre.
Pero hay otra manera, al alcance de todos, de cualquier cristiano, de amar a Dios: dejando poco a poco pequeños retazos de la vida en atenciones con quienes vivimos y con cuantos nos rodean.
El otro día, durante un coloquio en una televisión comarcal, un
psicoanalista cristiano dijo: «Cuanto mayor me hago, más claro veo
que el bien debo hacerlo con los que están a mi lado, a mi alrededor, a un metro de distancia». No quería decir con ello que olvidáramos tantas desgracias y penurias del resto de la humanidad; lo que quería decir es que sería absurdo—y lo es muchísimas veces—que fuéramos más capaces de hacer un buen discurso o dar una buena limosna para Bosnia, pongamos por caso, y luego, en casa o con los que trabajan a nuestro lado, ser unos tipos insoportables y a quienes todos tienen que servir y atender en las cosas más elementales.
Todo eso del amor al prójimo es fácil de decir y no tan fácil de
practicar. La espiritualidad en las relaciones humanas requiere estar
muy atentos para descubrir cómo vive, qué le pasa, en qué podemos ayudar o qué podemos aprender de nuestro prójimo. Sólo
aprendiendo a mirar a nuestro alrededor y a comprender, no nos
consideraremos el centro del mundo. Nuestro yo se cuela para
situarse en primera fila, con gran habilidad, a la menor ocasión.
En una entrevista que realicé no hace mucho a Mosén Joan
Alemany, Párroco de San Ildefonso de Barcelona, me contó cómo,
cuando estudiaba en Lovaina, conoció y trató al canónigo Leclerc,
que les decía: «Cuando vayáis de viaje, preguntad el nombre del que os lleva las maletas». Y les explicaba que habían de hacerlo para situarse en su lugar, para aprender de él, para conocer la riqueza del otro.
El secreto de saber ver a Dios en el otro
¡Qué pesadas, qué vulgares, qué poco atractivas nos parecen a
veces —seamos sinceros—muchas personas! Y, sin embargo, es ese
prójimo al que debemos amar si amamos a Dios. A todos y a cada uno de ellos los ama Dios con amor infinito. El camino para lograr amar también nosotros a nuestro prójimo ha de ser, creo yo, tener a Dios presente en nuestra vida. Recuerdo que una de las mejores
cosas—por no decir la mejor—que me enseñaron las monjas en mis
tiempos de colegiala fue el vivir la presencia de Dios. No veo que
ahora se insista mucho en las homilías sobre ello. Dios está presente en todos los momentos de nuestra vida y en todos los momentos de las vidas de los demás. A menudo, puede que nos repelemos porque no entendemos sus caminos, pero la mayoría de las veces es consolador saberle cerca... Da sentido. Una espiritualidad para los laicos, que no disponemos de horas de oración, de retiros, ni de ejercicios, debiera acentuar esta presencia. Es la forma más sencilla, y a la vez más misteriosa, de relacionarnos con ese Dios que no
vemos.
PRESENCIA-DE-D: No se trata de que seamos perfectamente
conscientes, de manera continua, de que vivimos en la presencia de
Dios. La vida es ajetreada, mil cosas a un tiempo atraen nuestra
atención, y a veces, cuando vuelves del trabajo en el autobús, te das cuenta de que aquel día ni por un momento has pensado en El. Pero te das cuenta. Y lo sientes. Sólo este vivir en presencia de Dios, sólo esta comunicación con el Silencioso, proporciona, o debiera
proporcionar, un sentido distinto a cuanto hacemos. Ya sea
rezar—por descontado—, o trabajar, o viajar, o tomarnos una copa... Dios está con nosotros, a nuestro lado, en nosotros. Y está en el vecino que ha subido conmigo en el ascensor, en el dependiente que me ha vendido unos zapatos, en el niño que se pone pesado porque no quiere comer... Sólo este vivir en su presencia es lo que nos puede hacer vivir de un modo distinto nuestras relaciones humanas. Es el secreto.
Todo ello, aunque lo sepamos, aunque intentemos vivirlo, anda muy
confuso en nuestra vida, llena de afanes de «tantas idas y venidas,
tantas vueltas y revueltas»... Pero el ejercicio de vivir la presencia de Dios debiera ser natural en nuestra vida. Algo habitual. Nuestra
relación con los demás, penetrados por esa presencia de Dios, sería,
a buen seguro, más bondadosa, más paciente, más respetuosa, más
capaz de perdonar y de olvidar.
El amor no acaba nunca...
Hay tareas, trabajos, ejercicios... que se empiezan y se acaban. Una
puede, al final, respirar tranquila y decir: por fin he acabado. Cuando se trata del amor al prójimo, no es éste el caso. Hemos de ejercitarnos en el amor cada día, cada mañana. No hay huelga ni vacaciones. El ejercicio del amor en nuestra vida de cristianos es lo único que cuenta. Nuestras relaciones humanas son la piedra de toque de nuestra espiritualidad.
Todos tenemos en la mente aquel pasaje que hemos leído mil
veces, donde, después de describirnos cómo es el amor, Pablo
afirma: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y el amor; pero el amor es el más grande». La espiritualidad de las relaciones humanas es, en definitiva, hacer presente el amor de Dios en el mundo.
EL ANÁLISIS TRANSACCIONAL
Una “transacción” es la unidad de comunicación entre dos
personas. El Análisis Transaccional es por tanto el estudio de las
comunicaciones entre las personas. Lo hizo popular el psiquiatra americano Eric
Berne, al publicar en 1964 su libro “Juegos en que participamos”. Me limitaré a
resumir algunos de los puntos más interesantes.
Hay que empezar por señalar que una persona se relaciona con
los demás desde tres estados distintos de su personalidad: padre, adulto o
niño.
Se dice que se encuentra en su PADRE cuando juzga, aprueba,
felicita, critica o recrimina. Se puede hablar de Padre nutritivo (“es lo que
te conviene”) o de Padre coercitivo (“si no lo haces así ya sabes que te
castigo”).
Es el resultado de las influencias externas sobre su
personalidad. Reproduce especialmente las conductas y criterios de sus
progenitores en los primeros años de su vida, cuando aquellos eran
todopoderosos.
Se encuentra en su ADULTO cuando se informa, estudia,
reflexiona, trabaja o informa a los demás.
Es la parte de la personalidad que se ha formado aprendiendo
de las propias experiencias. Además, procesa objetivamente, como un ordenador,
la información que recibe, calculando sus posibilidades de ser ciertas sobre la
base de su anterior experiencia.
Se encuentra finalmente en su NIÑO cuando ríe y cuando
llora, cuando se alegra o se entristece. Existen dos formas de
reaccionar: como Niño conformista, aceptando sumiso la norma, o como Niño
rebelde, rechazándola.
Es la parte de la personalidad que se construye primero, a
base de sensaciones y sentimientos. Se manifiesta con las mismas expresiones
que cuando tenía tres, cinco o siete años. Se podría decir que actúa
espontáneamente.
TODOS SON POSIBLES Y NECESARIOS
Todos los seres humanos, incluso los más jóvenes, poseen los
tres estados. Pero cuando observamos a una persona, no la vemos en su
totalidad, sólo podemos ver el estado de su yo en el que se encuentra en ese
momento. Por sus palabras o sus gestos se podrá descubrir en qué estado se
encuentra. Es posible pasar rápidamente de un estado a otro.
Los tres aspectos de la personalidad tienen un alto valor
para la supervivencia. Todos ellos tienen derecho a igual respeto y a un lugar
legítimo en una vida completa y productiva.
El estado de PADRE capacita al individuo para actuar como
padre o madre de sus hijos. Pero además, permite que muchas cosas triviales y
rutinarias se hagan ahorrando energía y tiempo, sin intervención del Adulto,
sencillamente “porque es así como deben hacerse”.
Desde el estado de ADULTO se analizan objetivamente las
probabilidades de supervivencia en este mundo adverso y se establecen las
pautas racionales de conducta. El Adulto regula las actividades del Padre y del
Niño.
En el estado de NIÑO residen la intuición, la creatividad, el
impulso de placer. Puede llegar a ser la parte más valiosa de la personalidad,
aunque si el Niño resulta confuso y malsano, las consecuencias pueden ser
funestas.
Hasta aquí nos hemos centrado en lo que Eric Berne llama
“Análisis Estructural”.
LAS TRANSACCIONES
El Análisis Transaccional estudia el intercambio de
transacciones entre dos personas. Por un lado se produce un estímulo y por el
otro, una respuesta. Normalmente se tiende a proceder en cadena, de forma que
la respuesta es a su vez estímulo para una respuesta del otro.
Cada transacción se produce desde un determinado estado de la
personalidad. La simple enumeración de los tipos de transacciones posibles
resulta ya muy ilustrativa.
Las transacciones complementarias y paralelas se dan cuando
las dos personas se encuentran en el mismo estado de su personalidad. Son las
transacciones más positivas y representan una cómoda y fluida comunicación.
Ambas personas hablan el mismo lenguaje.
El segundo grupo serían las transacciones complementarias y
oblicuas, en las que una persona se encuentra en su Padre y la otra en su Niño.
No son conflictivas y pueden ocasionalmente ser incluso satisfactorias. Pero si
se instalan permanentemente, la ausencia de relaciones Adulto-Adulto o
Niño-Niño sería fuente de insatisfacciones
Un tercer grupo lo forman
las transacciones cruzadas, que son las conflictivas y suelen terminar en una
ruptura de la comunicación.
El último grupo lo forman las transacciones dobles. Debajo de
la transacción aparente hay una transacción oculta.
A veces hay complicidad entre las dos personas, se entienden.
Y en otras ocasiones, la segunda persona no es consciente de la doblez. Se
puede decir que existe en este caso una manipulación del primero.
ALGUNAS
APLICACIONES PRÁCTICAS
Con los ejemplos, leyendo entre líneas, ya ha quedado
sugerida más de una aplicación práctica. Las técnicas de análisis de Eric Berne
se han hecho famosas seguramente por su sencillez, porque todos las podemos
usar para analizar nuestras propias comunicaciones.
Es un hecho que la relación entre cónyuges ha evolucionado en
los últimos tiempos desde una posición predominante del varón (Padre-Niño)
hacia un panorama mucho más igualitario de hombre y mujer.
Aunque siempre será bueno contar con la ayuda y protección
del cónyuge, cada vez que se haga necesario (“en la salud y en la
enfermedad…”), la base de la relación será indiscutiblemente la afectiva
(Niño-Niño) y por lo demás, la del buen entendimiento entre Adultos.
Parece que es una técnica muy válida para analizar y mejorar
caso por caso las relaciones conyugales. Se dan todas las circunstancias. Por
ejemplo, el de la mujer protectora que sustituye a la madre del joven, que
podría acabar en conflicto y crisis matrimonial si el varón se crece con el
éxito profesional y ella no rectifica su rol. O el caso viceversa, en el que el
hombre protector se convierte en mandón insoportable cuando ella madura. Fueron
relaciones Padre-Niño inicialmente bien aceptadas, que se convirtieron luego en
conflictivas.
La familia ha cambiado, al menos para el común de los
mortales de este siglo. De una relación estrictamente paterno-filial
(Padre-Niño) se está derivando a un modelo antagónico, en el que los hijos
consentidos son los que ejercen como Padres. En una similar dinámica, la típica
figura de la suegra se ha desdibujado ante las nuevas nueras.
Muchos padres quieren hoy ser amigos de sus hijos
(Niño-Niño). Por otra parte, no cabe duda de que hay que dar amplia cabida a la
relación Adulto-Adulto entre padres e hijos. Las cosas se razonan. Pero también
es deber de los padres no consentir por sistema el capricho del hijo, que
permitimos se convierta así en Padre autoritario, cuando no en tirano.
La dejación de la autoridad paterna se ha hecho notar también
en la falta de disciplina de la escuela. Los chicos hicieron la transferencia
de sentimientos entre padres y maestros. La amenaza de contárselo a los padres
ha cambiado de mano y ahora la esgrimen los alumnos.
El maestro actual ha renunciado a posibles abusos
disciplinarios anteriores (Padre-Niño), como autoritarismo, castigos
corporales, etc. Trata de compensar los acuciantes problemas de indisciplina,
insistiendo en las transacciones paralelas que están a su alcance
(Adulto-Adulto y Niño-Niño). Se abre paso a nuevos métodos activos y
participativos y la enseñanza se convierte en aprendizaje.
En las relaciones laborales se reflejan como en un espejo los
distintos tipos de transacciones. Cada quién podría aportar las diversas y
jugosas experiencias.
Es evidente que la democracia política ha influido en el
ámbito laboral y se han atemperado en general las posturas Padre-Niño a favor
de las relaciones Adulto-Adulto. A ello ha contribuido, al menos en términos
estadísticos, la multiplicación de autónomos y pymes.
El análisis transaccional es aplicable a todo tipo de
instituciones y organizaciones. Sirve como técnica para observar, por ejemplo,
cómo se configuran las relaciones dentro de un grupo cualquiera o una
comunidad. Y para mejorar sus comunicaciones, evitando fijaciones de roles y
potenciando las relaciones más ricas y completas entre sus miembros.
La Iglesia jerárquica se presenta lamentablemente como
contra-arquetipo. Y no es ninguna exageración. La relación Padre-Niño se lleva
al extremo, como en cualquier otra monarquía absoluta. Se reducen al mínimo las
relaciones permitidas Niño-Niño. Se marginan a los laicos que quieren razonar
dentro de la Iglesia como Adultos.
Y es curioso cómo contrastan estas relaciones con las que
Jesús nos descubrió respecto a Dios. Siendo Padre y Madre por
antonomasia, nos hizo libres y nos invita a ser Adultos responsables,
continuadores de su obra creadora. Nos pide que construyamos un reinado
equitativo, un mundo de iguales, que nos llevemos bien y que disfrutemos de
esta maravillosa vida.
Plan de de estudio
de la materia.
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I. GENERALIDADES
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A. Asignatura o materia:
|
El perfil del
maestro
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B. Nivel:
|
# 1
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|
C. Unidades:
|
1 CRÉDITO
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||
|
D. Lugar y Sección:
|
Pinalejo
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||
|
E. Duración:
|
8 horas
|
||
|
F. Profesor.
|
_______________________________________________
|
||
|
G. Libros de Texto:
|
LA BIBLIA Y EL MANUAL.
|
||
|
II. OBJETIVOS TERMINALES
|
|||
|
A. Conocimientos
|
Conocer a fondo
el carácter y las obligaciones como maestro de Escuela dominical.
Conocer el valor y la importancia de una buena
formación en el desarrollo de los líderes de la Escuela Dominical.
Conocer las estrategias para ser un mejor maestro, y un
cristiano honorable ante los niños.
|
||
|
B. Actitudes
|
Valorar y apreciar las enseñanzas de la Escuela
Dominical.
Tomar el ejemplo del maestro fiel y obediente a la
palabra de Dios.
Mostrar más amor, ternura y compasión por los niños de
la comunidad, y los de la iglesia.
|
||
|
C. Habilidades
|
Descubrir verdades profundas sobre la persona de
Cristo, sobre la vida, la salvación y amor en los en los libros y manuales de
la Escuela Dominical.
Darle una aplicación adecuada a nuestra vida y a la
vida de los niños de la Escuela Dominical.
Aprender a guiar a
los niños a los pies de Cristo tal como lo haría Jesús es mi
responsabilidad como maestro.
|
||
|
III. REQUISITOS
|
|||
|
A. De los exámenes y
tareas
|
Leer el material asignado del manual y la Biblia.
Presentar las tareas y exámenes a tiempo (día
señalado).
|
||
|
B. De asistencia
|
Ser puntual a la clase.
|
||
|
C. De conducta
|
Tomar apuntes.
Tener buena actitud ante la clase y participación.
|
||
|
IV. CRITERIO O SISTEMA DE EVALUACIÓN
|
|||
|
Tareas .................................... 40%
Exámenes............................... 10%
Asistencia y participación........ 50%
|
|||
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V. DIVISIÓN O
PARCELACIÓN DE LA MATERIA.
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Clase
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Contenido (Temas)
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Preparación anticipada
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Recursos / Actividades
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1-
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Orientación a la materia. Animarlos a querer ser
buenos maestros
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Leer el plan de curso “Explicarlo”
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Expositiva
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2.
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Introducción al
manual el perfil del maestro.
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Leer pág., 1-2
del manual.
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Expositiva
y la creatividad del maestro.
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3.
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Los valores internos y externos del maestro de Escuela
Dominical.
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Leer Gag.
3-4 del manual.
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Expositiva , la que adopte el maestro.
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4.
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1. Examen
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Estudiar págs. 1-4 del manual el perfil del
maestro. Hacer un resumen de las primeras 4 pág.
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Por escrito.
Presentar la tarea.
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5.
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Los atributos de un buen maestro de escuela dominical.
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Leer pág., 5-6
del manual el perfil del maestro.
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Expositiva
o drama lo que el maestro estime.
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6.
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Los atributos de un buen maestro de escuela dominical.
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Leer págs. 7-8
del manual el perfil de maestro de la Escuela Dominical.
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La técnica que estime el maestro.
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7.
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La personalidad y creatividad del maestro de la Escuela
Dominical.
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Leer págs.
9-11 del manual el perfil del maestro de la Escuela Dominical.
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Expositiva y otras.
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8.
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2. Examen y hacer un bosquejo de los punto importantes
de las págs., 5-11.
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Estudiar págs. 5-11 del manual el perfil del maestro.
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Por escrito´.
Presentar la tarea.
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9.
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“NO OLVIDE ANUNCIAR LA GRADUACIÓN DEL
CURSO.
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LUGAR Y
FECHA
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HORA DE ENTRADA Y SALIDA.
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ELABORADO POR: EL PASTOR DANIEL ECHEVERRÍA.
Director de la zona #2 de Escuela Dominical “Dios los Bendiga Ricamente”.
Tel: 97 37 64 12- 33 93 87 49- 26-59-90-29.
Como una contribución al
mejoramiento de la educación laica de las Asambleas de Dios del sector de
occidente “BIDFED” Es el Instituto Bíblico de Formación de La
Escuela Dominical, Estamos
creyendo que será una herramienta sólida, en la formación del personal de la
escuela Dominical de las Iglesia “ BIDFED”, ha sido concebido para brindar
formación continua al personal del departamento de Escuela dominical con el fin
de mejorar su desempeño. Se abordan las áreas que tienen mayor necesidad
de actualización o retroalimentación. BIDFED. Debe su existencia a un gran
equipo de líderes educacionales de cada distrito, quienes desde el año 2008 han
venido colaborando y gracias a la aprobación del SEC seguirá su curso baja la supervisión de la Escuela Dominical.
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